
La inquietud constante, la dificultad para concentrarse o la impulsividad excesiva pueden parecer parte de una etapa del desarrollo infantil. Sin embargo, en algunos casos, estos comportamientos pueden ser señales de un trastorno más complejo: el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), uno de cada diez niños en Estados Unidos ha sido diagnosticado con TDAH, un trastorno que se presenta con mayor frecuencia en varones y que puede persistir hasta la adultez si no se trata adecuadamente.
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que afecta las áreas del cerebro responsables de la atención, el autocontrol y la regulación de impulsos. Se manifiesta principalmente a través de tres tipos de síntomas: desatención, hiperactividad e impulsividad.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), los niños con TDAH pueden tener dificultades para seguir instrucciones, mantenerse sentados en clase, o controlar sus emociones. También es común que se distraigan fácilmente, hablen en exceso o interrumpan constantemente.
Entre las señales más comunes que pueden indicar la presencia de TDAH se encuentran:
Dificultad para prestar atención en clase o al realizar tareas.
Pérdida frecuente de objetos personales (lápices, cuadernos, juguetes).
Dificultad para seguir instrucciones o terminar actividades escolares.
Inquietud motora constante (moverse en el asiento, correr en momentos inapropiados).
Interrupciones constantes durante conversaciones.
Baja tolerancia a la frustración y estallidos emocionales.