
Según datos epidemiológicos internacionales revisados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que entre el 25% y el 30% de la población mundial presenta algún estadio de hígado graso asociado a disfunción metabólica (MASLD/MAFLD), lo que la convierte en una de las enfermedades hepáticas más frecuentes del mundo.
La OMS también advierte que el aumento del sobrepeso, las dietas ricas en azúcares libres y el sedentarismo en adultos y adolescentes está impulsando un crecimiento sostenido de las enfermedades metabólicas, incluido el hígado graso.
La enfermedad hepática metabólica —antes conocida como hígado graso no alcohólico— suele avanzar en silencio. Es una afección en la que el hígado acumula grasa debido a alteraciones metabólicas, no necesariamente por consumo de alcohol.
Y aunque es extremadamente común, está rodeada de mitos que confunden a la población, retrasan el diagnóstico y dificultan su prevención.
Entre los mitos que hay es que el hígado graso aparece por comer mucha grasa, sino se toma alcohol no aparece la enfermedad,el hígado graso solo afecta a personas con sobrepeso.
Además el hígado graso da síntomas claros y el hígado graso es irreversible.









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